Sep 2, 2010
ylka

La guía del silencio

Éstas son las primeras imágenes del largometraje en el que tuve el placer de participar. Ya les contaré con más detalle la experiencia de trabajar en la producción de una película de bajo coste. Eso sí, como podrán comprobar, las imágenes evidencian que un trabajo bien hecho no está reñido con el presupuesto. Cuentan más el factor ilusión y el empeño de su equipo. Disfrútenlo.

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Ago 23, 2010
ylka

Mi teorema (actualizado)

No pretendas ser escritor sin haber leído antes Los miserables.

*

Ahora que me dio por los clásicos (sobre todo por los realistas), Víctor Hugo (máximo exponente de los escritores románticos) pasa a formar parte de mis autores esenciales y, más que favoritos, admirados -mi predilecto es Flaubert-. Es una delicia leer Los miserables, ya que su uso del lenguaje es tan perfecto, que la narración, a mi parecer, es atemporal. Por ende, llegué a la siguiente conclusión: quien se precie de aspirante a escritor debe leer primero esta novela.

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Ago 10, 2010
ylka

Los sabidillos y la titulitis

+ 16 años. Palabrota: “dicho ofensivo, indecente o grosero”.

Soy una investigadora nata. Sobre todo en La Red. Cuando un tema me interesa, no paro de rebuscar en sus escondrijos hasta ser capaz de construir hipótesis. Es más, presto atención hasta al más nimio comentario, si la cuestión que me ocupa es un hecho o una persona. Cuando contrasto la información y la hipótesis pasa a ser teoría… Hala, a otra cosa. No es que sea voluble, pero tengo una sed inagotable de conocimientos. Me apasiona aprender de los demás. No obstante, los hay que pecan de sabiondos y escriben sobre cosas de las que no tienen ni puta idea.

Vaya, creo que acabo de descubrir de qué irá este texto. No es que me crea Stephen King, que empieza todos sus escritos sin saber de qué tratarán, pero llevo unos días tan, pero tan ocupada, que Malalua se puso en huelga (como los controladores aéreos, pero sin sus sueldos, claro está. Qué mareo).

¿Por dónde iba? Ah, sí; los sabidillos. Este término no tiene porqué ser peyorativo, pero en este caso, y porque me da la gana, lo será. Dicen que la locuacidad es una virtud, pero si lo que se suelta por la boca es interesante. Los que abren esas bocazas para escupir sapos y culebras son insoportables. No me andaré por las ramas, simplemente lo son. ¡Enterados y enteradas a más no poder! Ellos saben de todo. Y cuando digo de todo, es de todo. Pero claro, La Red está saturada de información y todo aquél que quiera ser “culturilla”, sólo tiene que teclear “google.es“. Todos podemos caer entonces en la charlatanería, porque tenemos múltiples fuentes documentales al alcance…

(Pausa para reflexionar).

Que no. Que no puedo con los petulantes.

Los petulantes van por el mundo mirando por encima del hombro al resto de mortales. Porque ellos se codean con lo mejorcito de su estrato sociocultural (o eso piensan). No seré yo quien dude de las grandes fiestas a las que acuden, o del grosor de sus cuentas bancarias, pero de ahí a hablar con propiedad va un trecho. Curiosamente, la mayoría de los sabidillos -¡Stop! ¡No pretendo generalizar!- dicen haber aprendido de la experiencia, la base de todo conocimiento (es decir, que no tienen educación superior). De acuerdo. La propia ciencia los avala:  el método de ensayo- error. Pero ¿a que todo científico tiene primero una base teórica para luego contrastar y perfeccionar con la práctica? Lo sé, estoy rizando el rizo.

Vale. Supongamos que no pudieron estudiar. O mejor aún: no les gusta hincar los codos. Da igual, es lo de menos, no valoro a las personas por sus títulos. Pero lo que sí me repatea es el aire de sabidillo que se gastan con los que sí decidieron hacerlo. ¿Qué tal si se meten el complejo por donde les quepa?

Hagan acto de conciencia. Cuando se equivocan nunca reconocen sus errores. Le dan mil vueltas a la cuestión y, por mucho que argumentes, ríndete. Uf, y como menciones titulación universitaria, te caen en bandada.

*

Sabidillo Vs. Titulitis (todo parecido con la realidad es mera coincidencia).

En una redacción, de cuyo nombre no quiero acordarme… Un sabidillo, sin levantar la vista del teclado, está contando su obra y milagros al nuevo, que le escucha atentamente, aunque tiene prisa porque tiene que salir a la calle a preguntar a los transeúntes una gilipollez. Las que se encargan a los nuevos, vamos.

- Sabidillo: llevo “tropecientos” años dedicándome a esta profesión. (Éste no sabe cómo funciona el negocio). Recuerdo una vez que le “reventé” la noticia a un chico que había estudiado en Oxford. Además, yo leo mucho.

- Titulitis: oh… (Me duelen los ojos cuando leo tus crónicas. Y a ver si acabas ya, que tengo que ir a hacer tu encuesta de mierda).

- Sabidillo: (este niñato con titulitis es tan iluso que piensa que se quedará con mi puesto. Antes le pisoteo la cabeza). ¿Pero tú no tenías que hacer una encuesta? ¡Joder, que es para hoy!

Y el sabidillo comenzará una campaña para que el titulitis se sienta inferior a él. Le pedirá café a todas horas, y nunca le dejará  ejercer correctamente el puesto para el que tantos años se quemó las pestañas. Bastardos. ¿Os creéis que los títulos se regalan? A veces se compran, ja, ja, ja. Es broma, ja.

*

Intrusismo profesional. Al final hemos acabado en esta vereda. Tema peliagudo y muy controvertido. No me interesa, que llevo más de setecientas palabras. Para otra disertación, quizás.

*

¿Te consideras un/a sabidillo/a?

¿Crees que es contagiosa la titulitis?

Como mi intención es ser escritora, he creado una página en Facebook titulada “Aprende a escribir“, cuyo objetivo es mejorar, entre todos, nuestra escritura. Como servidora suele cometer alguna que otra falta, la creación y mantenimiento de la página me ayudará a repasar la ortografía y estar al día en lo que se cuece en la RAE. Les invito a que participen. Gracias.

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