Boscome, 14 de Agosto de 2008.

Cuando haces un paréntesis en tu vida, lo efÃmero del tiempo se hace más evidente, más palpable. Cada segundo, minuto y hora, se convierten en suspiros del reloj, cuyo “tic- tac” se acelera en los momentos más inoportunos. Ya no soy capaz de percibir el auténtico fluir de la vida, me aturulla la cabeza con oleadas de sensaciones que me arrastran, me exiastan y me dejan agotada para, al minuto siguiente, empezar un nuevo ciclo. La memoria se convierte en un cajón desastre, donde coloco los retazos de la vida que dejo atrás, y aspirando este aire frÃo, limpio y desafiante, soy consciente de que mi marcha de este lugar abre la puerta a una nueva etapa como adulta.
Atrás quedan los dÃas de parsimonia, de mirar al infinito buscando respuestas al sentido de la vida: me convierto en una más de la difÃcil vida a la que hemos sido condenados. Mis decisiones y mis pasos son el color con el que dibujo mi lienzo, y me atrevo a confiar en que aprenderé a encontrarme en un nuevo yo, en que me convertiré en quien debo ser…
Y con lágrimas en los ojos, mientras escupo palabras de melancolÃa acusadas por la pronto despedida de quien compartiera conmigo tres semanas de escape emocional, abrazo el nuevo tiempo. Revivir y degustar. Nunca olvidaré este lugar, esta ciudad de tiempo inestable, de mujeres liberales y de hombres ebrios pero, sobre todo, del recuerdo de los abrazos, lágrimas y sonrisas…
Hasta nunca Bournemouth.





