tragicomedia.
(Del lat. tragicomedĭa).
1. f. Obra dramática con rasgos de comedia y de tragedia.
21 de marzo, Día mundial de la poesía.
Conmemorar el acto de escribir poesía es una atípica propuesta, muy propia de la bohemia, así que no iba a dejar pasar la oportunidad de publicar algo al respecto; ya que la poesía fue mi primera incursión en el arte de escribir.
Quizás, como la gran mayoría de los que padecemos sed de literatura, comenzamos a expresar nuestras emociones, a través de rítmicas o arrítmicas palabras, en la pre- adolescencia. Por lo menos, ése fue mi caso. Todavía conservo cuadernos, diarios y agendas repletos de poemas y dibujos, algunos inconclusos, otros cargados de artificios en mi búsqueda de la perfecta sonoridad -de ahí que prefiera la poesía en prosa, los llamados pseudopoemas-.
Igualmente, idolatrábamos a los poetas como Bécquer, cuyas rimas sobre el amor eterno o el desamor saciaban la tragedia con la que opacábamos las ilusiones. A más desaliento, más inspiración. Creíamos que así debía ser la vida de un poeta: una burda tragicomedia; como las obras del Renacimiento que estudiábamos en literatura.
Con la edad y los avatares del destino mudamos las letras a un estilo que va desde lo pueril a lo soez; es decir, tendemos a pendular los temas, jugamos con la trivialidad, con la metafísica o el amor. Pero la palabra sigue siendo hermosa, aunque ingrata, ya que se nutre de nuestro hálito, de todo aquello que seamos capaces de sacrificar por ella.
Y como esto no es un análisis sobre poesía, concluyo el artículo -por no decir “post” (respetando a la RAE)- con el poema que me impresionó a la tierna edad de diez años:
LXXVII
Dices que tienes corazón, y sólo
lo dices porque sientes sus latidos;
eso no es corazón…, es una máquina
que al compás que se mueve hace ruido.
(Rimas. Bécquer, 1868).
¿Cuál es tu poema favorito?
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Cuadro: Jesús Soler.
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